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El hambre tiene solución en el campo de la política

22/12/2003 

No podemos conformarnos con un mundo en el que otros seres humanos mueren de hambre, son analfabetos, están sin trabajo, viven la esclavitud. Por eso muchas personas de buena voluntad se han comprometido a defender la vida en cada momento, a hacer que este mundo sea más habitable para todos.

EN EL TRANSCURSO del siglo pasado, miles de jóvenes eran convocados en reuniones masivas para aprender a odiar y para combatir los unos contra los otros. Millones de personas vivieron el infierno de las guerras mundiales, los campos de concentración. Hoy en pleno siglo XXI no podemos callar de nuevo, no podemos ser cómplices con nuestro silencio de los nuevos campos de exterminio. Hoy existen millones de personas en campos de exterminio por hambre, que son técnicamente suprimibles si lo quisiéramos. No podemos silenciar este genocidio silencioso, el mayor escándalo que tiene hoy la humanidad. No podemos permitir que «nada sea considerado natural» como decía Bertolt Brecht, «en una época de confusión sangrienta, desorden ordenado, capricho planeado y la humanidad deshumanizada, no vaya a ser que todas las cosas sean consideradas inalterables.»

No podemos conformarnos con un mundo en el que otros seres humanos mueren de hambre, son analfabetos, están sin trabajo, viven la esclavitud. Por eso muchas personas de buena voluntad se han comprometido a defender la vida en cada momento, a hacer que este mundo sea más habitable para todos. «No hay peor esclavitud que la de la mentira, hay que libertar la conciencia del pueblo diciendo la verdad,» gritaba Unamuno, y continuaba: «Ahora bien, la verdad que hay que decir no es una verdad cualquiera, sino aquello que se hace necesario proclamar; es preciso decir en cada momento las verdades que los demás callan por no ser racional ni razonable decirlas.» Por vergüenza y solidaridad con los hambrientos de la tierra debemos empezar a decir estas grandes verdades.

Jean Ziegler, relator especial de la comisión de derechos humanos de la ONU, afirma: «Hay hambre en el mundo porque impera un sistema asesino; el capitalismo especulativo mata cada día a 100.000 personas de hambre en el mundo. Antes del capitalismo también había hambre pero era una fatalidad: no tenía solución. Hoy sí la tiene. Hoy hay superabundancia de alimentos. ¡el hambre es remediable!. Lo dice la FAO: La agricultura mundial permitiría alimentar a 12.000 millones de personas ¡el doble de la actual población del planeta!».

Más de 200 premios nobel han declarado lo que nuestros diputados cínicamente no quieren reconocer: «Un holocausto sin antecedentes, cuyo horror abarca en un único año todo el espanto de las matanzas que nuestras generaciones han conocido en la primera mitad de este siglo, está actualmente en proceso de realización y desborda cada día más, a cada instante que pasa, el perímetro de la barbarie y de muerte no solamente en el mundo sino también en nuestras conciencias y continúan: «Todos los que contemplan, anuncian y combaten este holocausto están absolutamente de acuerdo en señalar a la POLÍTICA como la causa principal de esta tragedia».

Decía Juan XXIII que todos éramos responsables del hambrientos y «por eso es menester educar la conciencia en el sentido de la responsabilidad que pesa sobre todos y cada uno, particularmente sobre los más favorecidos». Y Juan Pablo II nos hablará de un mundo imperialista donde los pueblos del Sur juzgarán a los pueblos del Norte. Y juzga esta situación de ceguera fratricida. «¿Cómo juzgará la Historia a una generación que cuenta con todos los medios necesarios para alimentar a la población del planeta y que rechaza el hacerlo por una ceguera fratricida?... ¡Qué desierto sería un mundo en el que la miseria no encontrara la respuesta de un amor que da la vida!»

El hambre ya afecta al 82% de la humanidad; hay más de 400 millones de niños esclavos; 1.500 millones de personas están en paro y más de 2.000 millones de personas no tienen acceso al agua potable. El hambre tiene solución, pero no hay voluntad política para erradicarlo porque los ciudadanos no lo exigimos. Ninguno de los grandes poderes del mundo quiere acabar con esta canallada. ¡Alcemos nuestra voz en solidaridad con los empobrecidos! Si los ciudadanos lo exigiéramos, se evitarían millones de muertes inocentes. Estas navidades miles de ciudadanos convocados por el Movimiento Cultural Cristiano, volverán a salir a la calle en solidaridad con los hambrientos de la Tierra y para presionar moralmente a nuestros gobernantes, con el grito de: ¡No matarás!. Como decía Luther King: «Quien acepta el mal sin protestar realmente está cooperando con él»

Las palabras de José Luis Sampedro, Catedrático de Estructura Económica, expresan una gran verdad: «A nuestros abuelos el hambre podía suscitarles solamente compasión y caridad, pero no les creaba angustia puesto que la consideraban natural e inevitable. A nosotros nos la presentan como técnicamente suprimible y por eso ha de llevarnos al asombro, la indignación y la rebeldía.» Los pobres esperan nuestra lucha solidaria por un mundo más justo y fraterno. Como dice el poeta Neruda: ¿Quiénes son los que sufren? No sé, pero son míos. Ven conmigo / No sé, pero me llaman y me dicen: «Sufrimos». Ven conmigo./ Y me dicen: «Tu pueblo, tu pueblo desdichado, entre el monte y el río, con hambre y con dolores, no quiere luchar solo, te está esperando, amigo».

Ante esta realidad todas las muestras de «solidaridad» navideñas (tarjetas de felicitación navideñas de ONG, telemaratones, galas benéficas, rifas solidarias...) sólo sirven para tranquilizar las conciencias de los que las practican, porque no van por el camino que sirva para solucionar este crimen. El camino es la solidaridad que remedie las causas estructurales del hambre y la miseria, y el campo de la solidaridad con los hambrientos es hoy el campo de la política.

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