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El rezo de Omar

06/02/2015 

Omar le pone rostro a la muerte. Siente que estos son sus últimos suspiros en este mundo. Suplica a las fuerzas de seguridad que avisen a su madre, quiere despedirse. Madrugada del viernes 28 de marzo de 2014. Las noticias “alertan” que alrededor de 800 personas han intentado entrar a Melilla. Omar era uno de ellos. Recorrió más de 4.800 km para perseguir sus sueños en Europa, hoy solo quiere olvidarlo todo.

LA DESPEDIDA

Omar se estrecha en un abrazo con la persona que le dio la vida. Ella teme por su destino, él intenta transmitirle confianza. Ninguno de los dos sabe que ese momento no se repetirá en mucho tiempo. Él quisiera congelar en su memoria ese instante y todo lo que lo rodea.

Parte una mañana hacia Maradí (Níger), su hermana lo espera. Necesita la bendición de su Dios para emprender su viaje. Llaman al Imán de la mezquita y leen juntos el Khoram durante 5 horas. Omar ya se siente preparado, empaca sus pocas pertenencias.

PUERTAS DEL DESIERTO

Su próximo destino es Arlit (Níger), puertas del desierto. Su primo, gran conocedor de la ciudad, le consigue al mejor para atravesar el Desierto de Tamanrasette (Argelia). Todo tiene su precio, los ahorros comienzan a esfumarse. Las pocas señales que se ven por el camino, son de muerte: ¿humano o animal?, huesos. Un día y una noche dura la travesía.

A tan solo 5 km antes de llegar a Tamanrasette, son abandonados a su suerte. El conductor no puede continuar, podría tener problemas. Omar intenta mantener la calma, cree poder ver la ciudad desde allí. No tiene “papeles” y las fronteras están cerradas. Reza a su Dios, sus esperanzas siguen intactas.Es la primera vez en su vida en que estaba en un sitio en el que la gente no tiene su mismo color de piel.

DECISIONES

Otra vez toca partir. Recuerda a su madre, se encomienda nuevamente a su Dios. Otro autobús, otro día y otra noche viajando. Pasará por Ghardaia (Argelia) para llegar a Orán. Allí un amigo lo espera, Rabiu. Comienzan a trabajar juntos en la construcción, le enseñará a Omar cómo desenvolverse en este nuevo mundo. Los meses van pasando, Rabiu decide partir; pero Omar aún no se siente preparado. Debe ordenar su vida, continuar trabajando, ayudar a su madre.

Las noticias llegan a pesar de la distancia: Rabiu ha cruzado a Europa.

MARRUECOS

El siguiente destino es Marruecos, para ello contacta con un “conocedor” del camino, que también pondrá precio. Pasan la noche en su casa. Omar ya no viajará solo, lo acompañan 5 personas más.

Oujda, uno de los puntos más importantes de la ruta subsahariana, antesala a Europa. Entrarán caminando, pasando por varios poblados. Omar confía, siente que está ya a un paso de conseguir su “sueño”: a Omar le encantan los camiones y quisiera estudiar mecánica, llegar a Europa haría posible su sueño.

LOS CAMPAMENTOS

Otra vez vuelven a ser abandonados antes de llegar. Logran entrar a Oujda y se dirigen a uno de los asentamientos, ubicado en un recinto a cielo abierto perteneciente a la universidad de esa ciudad. Omar comprende las reglas, busca al responsable de su comunidad, quien da el visto bueno para su estancia allí, pago de por medio; dispone ahora de unos pocos metros cuadrados, su “hogar” será una tienda hecha con plásticos, mantas y palos de madera. Poco es el dinero con que cuenta y aún queda camino por recorrer, teme por su supervivencia. Sólo dos noches pasará allí.

NI BRÚJULAS, NI MAPAS

Nador será el próximo punto del mapa al que deben llegar, pero antes irán hasta Taourit. No llevan ni brújulas ni mapas, solo la memoria les guiará, recordando las palabras que alguien pronunció.

Deben esperar el tren de mercancías, aguardan dos días allí, duermen en la estación. Unos cartones les sirven de refugio y de escondite. La segunda noche es la elegida para partir. Pasan tres horas y el tren sigue su marcha, Omar tiene un mal presentimiento. Se acerca a un lugareño y le pregunta hacia dónde se dirigían. Se dirigía al otro extremo de Marruecos, Casablanca. la peor noticia, el grupo comienza a alterarse. Omar los tranquiliza, se bajan en la siguiente estación, Taza, y toman un autobús directo a Nador.

EL CEMENTERIO

Sus pies pisan Nador y la Estación de policía es lo primero que ven. Procuran ser invisibles. Deben llegar a Beni Enzar, a poco kilómetros de allí. La noche como mejor compañera. Una vez en la estación de Beni Enzar deben encontrar el cementerio para ascender hasta el Monte Gurugú. Esas eran las indicaciones. Pero no hacen más que volver al punto de partida, una y otra vez, llaman a un hombre que vive en este monte, la espera dura hasta las 5 de la madrugada. Los lleva a la cima y les ofrece un lugar para descansar.

EL GURUGÚ

“En el Gurugú, Omar no puede creer lo que sus ojos ven: personas viviendo en condiciones inhumanas. Teme que esa vida le devore”. Cuentan los pocos dirhams que les quedan, reúnen 300. Importe que les cubre la estancia semanal a todo el grupo; las reglas de juego: oír, ver, callar, obedecer.

Una especie de gobierno a cielo abierto, es necesaria la organización de la vida allí. Omar se encarga de la cocina, los mediodías para su grupo y las noches para los de su comunidad Hausa. Para ello, diariamente, harán varios kilómetros cuesta abajo en busca de alimentos y agua. Se come solo si consiguen algo.

28 de marzo de 2014: SENTIRSE MORIR

No sabe exactamente cuántos eran, pero las noticias del día siguiente anuncian que por lo menos fueron 800 personas. Esa madrugada reciben la orden. El gran día ha llegado. No salen todos al mismo tiempo. Omar y otros más esperan en el pumbin (escondite). Cuando las fronteras queden libres de vigilancia, ese será el momento.

Omar cree no necesitar escaleras, él tiene la fuerza y la energía, es su primer intento de paso. No puede permitirse pasar más tiempo en ese monte, debe ayudar a su madre. Comienza a ascender hasta que sus manos comienzan a sangrar: se han topado con las cuchillas. Omar siente el llamado a la oración de las mezquitas cercanas. Desea rezar, pero en otro idioma, “en español”.

Ya han llegado las fuerzas marroquíes, intentan atraparlo. Los segundos son vitales y Omar los está perdiendo. Siente como si le aventasen un gancho en su espalda, bajarlo de allí es el objetivo. Ya no tiene mas fuerzas. Cae.

Su mirada se dirige al cielo, siente que un escalofrío le recorre, no puede mover su cuerpo por más que lo intente. Unas voces le ordenan que se levante. “No puedo”, responde. Eso parece insultarlos, se empeñan en ponerlo de pie, Omar vuelve a caer. Y sobre él, palos de madera rebotan con una brutalidad despiadada. Omar cree comprenderlo todo, un llanto le nace desde lo más profundo.

Nunca nadie le explicó qué se siente al morir, pero él ya le ha puesto nombre. Pide que avisen a su madre, quiere despedirse. La ambulancia llega finalmente, Omar ya no tiene noción del tiempo transcurrido. Lo suben, junto a más heridos, para trasladarlos al hospital. La música comienza a sonar a un volumen intolerable. Omar les ruega compasión; pero son desoídas sus súplicas.

EL HOSPITAL

Nadie acude a su llamado. Omar se encuentra en la sala de urgencias, con más personas que tuvieron una suerte parecida. Las lágrimas vuelven a brotar. Desearía desaparecer, está agotado y quebrado su cuerpo en partes.

Por primera vez en mucho tiempo, alguien le pregunta cómo se llama, cómo está y si tiene hambre. Personal de la Delegación de Migraciones se hace presente en el hospital, Omar desconoce la existencia de organizaciones que ayudaran a migrantes. Por un momento, creyó estar en España.

El dolor intenso y el llanto se hacen compañeros de Omar durante días. Su cuerpo sigue sin responderle. Un doctor se le acerca y le informa de su situación. Omar recibe las peores noticias: problemas graves en sus pies y su espalda. Deben operarlo y luego tendrá que hacer rehabilitación, pero no le pueden asegurar que pueda volver a caminar. Omar ya dejó de oír lo que el doctor le sigue explicando, sólo retumba en su cabeza la pregunta “¿que será de mi vida ahora?”

La única persona que conocerá su suerte será su hermana. Omar le pide que guarde silencio para con su madre, la conoce muy bien y no quiere preocuparla.

LA FE MUEVE MONTAÑAS

Tras cuatro meses de rehabilitación, Omar abandona el hospital y continúa el proceso de forma ambulatoria. Ahora su hogar estará en la iglesia de Nador. Los resultados comienzan a notarse, muy despacio comienza a mover sus pies. Su Fe permanece intacta, anhela volver a andar para doblar sus rodillas y rezar en la Mezquita más cercana. Sus piernas comienzan a responderle. Vuelve a caminar con la ayuda de un andador.

Omar sigue en contacto con Daniela. Aquí, una de las fotografías que le ha enviado, junto a su madre.

“Hoy sólo puede aconsejar a quien desee realizar este viaje, que no lo haga”

EL REGRESO

Volver a su Níger, un pensamiento que lo ha acompañado en más de una oportunidad. Dios lo es todo para él y Omar acepta que esto es lo que Él le tenía preparado para su vida, su destino. Recuerda a sus amigos que ya están en Europa. Por momentos se arrepiente de haber emprendido esta “aventura”. Hoy sólo puede aconsejar a quien desee realizar este viaje, que no lo haga. Omar quisiera olvidarlo todo.

Siente y sabe que hoy no puede intentarlo nuevamente, no así. Se convence que regresar es la mejor opción. Su madre lo espera ansiosa.

No sabe qué le espera, intenta con todas sus fuerzas imaginar su futuro. Se ilusiona con empezar una nueva vida. Sólo tiene 23 años. Confía en que su Dios algo pueda hacer por él. “Tengo la vida, gracias Dios”, repite.

Autor: Daniela Frechero

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