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La Cataluña privilegiada

02/07/2014 

Los cementerios “Mare Nostrum”, “Estrecho de Gibraltar” y “Atlántico”, a medida que van sepultando emigrantes, descubren y desvelan las políticas fronterizas de la Unión Europea.

El cinismo de los medios de comunicación, callando durante años este genocidio silencioso, de repente, “cae en la cuenta”.

Ese sonoro silencio contribuye al desconocimiento incrédulo de hechos tan trágicos como la permanente práctica del destierro al desierto, el abandono de personas en zonas del desierto, sin posibilidad de retorno. ¡Mueren en el camino más inmigrantes que en el mar!

¡Son las víctimas del hambre sepultadas en nuestras fronteras!

El hambre es el primer problema político que tenemos planteado los europeos. A muchísima distancia del segundo o tercer problema.

Si atendemos a las verdaderas causas del hambre, la responsabilidad europea es innegable. El Papa Francisco señaló que es una vergüenza. Otros, que es un asesinato planificado.

Y los catalanes, que también somos europeos, ajenos a esta encrucijada, a este genocidio, no se les ocurre otra cosa que presentar sus credenciales a la Unión Europea. Ajeno o enajenado, el portavoz del gobierno catalán, F. Homs, al llegar a la Generalitat, ya nos advirtió que las políticas de inmigración del tripartito habían sido “blandas”.

La fortaleza Europea no es cuestionada por los soberanistas. La cultura política del pueblo de Cataluña no sólo mira hacia otra parte ante el genocidio silencioso del hambre y la inmigración, sino que a su vez propone independizarse del resto de los españoles. Sus prioridades políticas están claras.

Una parte determinante de la opinión pública catalana está pseudo-convencida que “España roba a Cataluña”, lo cual es una falsedad. Pero no es una falsedad cualquiera, sino que es la mentira que sostiene y aviva el relato soberanista y determina sus prioridades políticas.

Este artículo pretende contraponer una serie de hechos históricos con el fin de cuestionar el relato “soberanista” y llamar la atención de las verdaderas prioridades políticas de todos y cada uno de los pueblos que habitan en el interior de la fortaleza europea.

El enriquecimiento de algunas regiones españolas no es independiente del empobrecimiento de otras regiones de la península o continentes. Es decir, debe plantearse el enriquecimiento de Cataluña, que no el empobrecimiento de Cataluña, máxime cuando lo que debiera exigirse es el reconocimiento y cuantificación de la aportación que el resto de pueblos han hecho al pueblo catalán a lo largo de los siglos y por lo tanto la restitución. Los hechos que siguen son perfectamente cuantificables en términos monetarios.

Poco antes de la llegada de Colón a las Indias, la situación de los campesinos y labriegos catalanes era de sumisión a los señores feudales y sus instituciones de gobierno catalanas. Abolir las “remensas” y los “malos usos” costó 20 años de guerra, muerte, enfermedad, saqueos, y fue con el rey Juan II con quien se aliaron contra la tiranía de las instituciones feudales catalanas. ¿De qué libertad hablan algunos catalanes cuando hablan de libertades perdidas?

A partir del año 1700, con la expansión de la economía mercantil, el capitalismo entraba en una nueva fase. El imperio de ultramar era objeto de disputa entre las dinastía de los borbones y los habsburgo, siendo Cataluña moneda de cambio, junto con Gibraltar, Menorca y Terranova (1714). Sin embargo, la lectura histórica del catalanismo intenta trasvasar los cauces de la historia hasta su relato victimista, de pérdida de derechos y libertades.

El capitalismo entró en una etapa de mercantilización y Cataluña no estuvo al margen. Uno de los factores que impulsó esta región, hasta ser de las pioneras europeas en la industrialización, fue la estampación de indianas. En Cataluña, los borbones montaron la primera fábrica de estampados de algodón movida con motores hidráulicos y fue Felipe V quien abolió las fronteras interiores, el impuesto de la bolla e impuso la prohibición de importar indianas de China. El resultado es un grado de concentración de indianas que no se dió en ninguna otra ciudad europea.

En 1745 Barcelona era ya el primer puerto comercial español (tejidos, calzados, curtidos, vidrio). Y el dinamismo exportador recibió otro importante impulso con las viñas del cava catalán. Fueron precisamente los borbones quienes financiaron las primeras viñas del cava. En 1775 las ventas catalanas ya eran el grueso de la exportación española. El instrumento principal eran las redes mercantiles formadas por vascos, santanderinos, gallegos y catalanes, es decir, las redes mercantiles españolas.

Entre los siglos XVIII y XX, una de las causas que impulsó el crecimiento de Cataluña fueron las medidas arancelarias del gobierno español. Para los comerciantes y fabricantes catalanes, el régimen español liberal tenía que ser proteccionista; reclamando un proyecto industrial nacional y español. La burguesía empezaba a aprender nacionalismo en la escuela del mercado.

Durante el siglo XIX, otras medidas favorecedoras del crecimiento catalán son:

  • La Guardia Civil persiguiendo el contrabando. Durante la I Revolución Industrial, con la mecanización completa del hilado, el tiraje y el aumento de los caballos de vapor, el sector algodonero y lanero catalán aumento su productividad, desplazando la industria textil de otras regiones. Surgió el contrabando y fue la Guardia Civil española quien lo persiguió protegiendo así los intereses de la industria catalana.

  • Esta I revolución industrial es impensable sin el trabajo de los inmigrantes. Ya estaban en marcha las grandes infraestructuras.

  • Entre 1883-1923 la inversión en Cataluña fue a razón de 188 pts. por habitantes frente a la media de 129 o las 73 de Madrid. Eran años de expansión de la industrialización.

La segunda revolución industrial catalana empieza con el mercado interno español saturado, pero una serie de factores la harán posible. Se desarrolla nueva industria (sales, química, maquinaria eléctrica, cemento, fibras...) y ello exige una financiación que llega de:

  • La mano de obra aragonesa, murciana y de Almería. Cataluña tenía nuevamente la tasa de actividad más alta de España, porque estos trabajadores ya estaban formados.

  • Medidas arancelarias de 1891. Por ejemplo, en 1906 el arancel sobre los productos agrarios, hasta un 20%. En 1922 otro arancel, promovido por Cambó, el que arregló a Alfonso XIII sus problemas con el movimiento obrero. Como vemos, proteccionismo y Cataluña van de la mano. Unamuno apostrofó así a los catalanes: “habéis vendido vuestra alma por un arancel”. Hay economistas que han calculado que las consecuencia de la política arancelaria fue el anquilosamiento de la renta global española, de una magnitud con la que se hubiera financiado la red de ferrocarriles.

  • La depreciación de la peseta, para controlar el mercado y frenar las importaciones con la depreciación.

  • La I Guerra Mundial.

  • La inversión extranjera.

Este proteccionismo permite la consolidación de los diferentes grupos hegemónicos en el seno de la sociedad española: la oligarquía terrateniente y por otra parte, los grupos industriales. El proteccionismo del estado español interviene constantemente en beneficio de las oligarquías financieras y de unas zonas en detrimento de otras.

La concentración de poder económico en manos de una oligarquía financiera e industrial va a caracterizar el capitalismo español. Y ello es una de las causas de los desequilibrios regionales en nuestro país.

Cuando el nacionalismo catalán empieza a representar los intereses de la burguesía industrial, a comienzos del siglo XX, hay una determinante aportación de trabajo, de mano de obra de los inmigrantes. La irrupción del Movimiento Obrero en Cataluña fue una respuesta a la explotación del capitalismo catalán.

Son los inmigrantes quienes construyeron con sus manos, las carreteras, el metro, edificios, las fábricas y los coches, engrosaron las filas del ejército industrial de reserva, en definitiva, asegurando los cimientos de una parte determinante de la riqueza de esta región. Su aportación jamás ha sido justamente reconocida.

El capitalismo español, vasco y catalán, fundamentalmente, coordinaron multitud de esfuerzos y tácticas cerca y dentro del poder legislativo.

Un ejemplo es la campaña de oposición coordinada por Cambó al impuesto sobre beneficios que impulsó en 1916 Santiago Alba y que no llegó a tramitarse. Se aplicaba en EUA, Francia, Suiza, Italia, Austria, Hungría, Rusia, Gran Bretaña... pero no en España. El diario republicano El Diluvio se refiere a la plutocracia (gobierno de la riqueza).

En 1921, la ley de ordenación bancaria prohíbe la expansión de la banca extranjera en territorio español. La oligarquía financiera e industrial ya trabajaba al unísono, en beneficio de unas regiones que no de todas

El suministro de energía también ha sido otra aportación de las regiones pobres a las ricas: hasta 1973, las grandes zonas industriales tenían tasas de electrificación más bajos, es decir, financiadas por zonas con superávit energético. Por otra parte, siendo los costes de transporte una parte importante de la tarifa, los consumidores más cercanos acaban financiando a los que están más lejos (en el caso del gas hasta el 620%). Y con el agravante que las zonas que demandan más potencia, tiene una bonificación. Es decir, subvención a los grandes grupos y núcleos urbanos industrializados y una penalización a las pobres provincias subdesarrolladas.

En el contexto de la Guerra Fría, el franquismo abre la transición a la economía de mercado y de servicios. Previa a los planes de estabilización y liberación, el Banco Mundial elabora un informe (1962) en el que se señalan las políticas de desarrollo a seguir.

Es importante tener presente que en ese informe se establece un modelo de desarrollo desigual según las regiones. Desarrollar e invertir en todas las regiones supone unos costes más altos que esperar un ritmo de crecimiento nacional elevado que arrastre a las regiones. Hay regiones que quedan excluidas. Los problemas del latifundismo forman parte de un proceso histórico en el que el gobierno no debe influir sino es para mantener los privilegios. En definitiva, es más barata la inmigración y la agudización de los conflictos regionales que los costes que supone el desarrollo de todo el pueblo español, por el riesgo que atentase a los principales intereses de los grupos de poder.

En los años sesenta, Castilla y León, Andalucía, Extremadura, son zonas exportadoras de capital, vía sistema financiero hacia los tres centros crediticios de Bilbao, Barcelona y Madrid. La intervención de la admón. española en el proceso de financiación de la economía española es una constante, percibiéndose claramente los canales privilegiados de financiación de grupos financieros e industriales.

El redescuento ha sido otra forma de traspaso del ahorro popular a las zonas enriquecidas. Con la autorización de 1964, las Cajas podían cubrir el coeficiente de fondos con acciones y títulos de empresas; es decir, una forma de financiación de empresas, las cuales, precisamente tenían su desarrollo en las zonas más industrializadas.

En la etapa democrática, a pesar que los tres mecanismos de convergencia interregional (fondo de suficiencia, de compensación territorial y complementaria) logran resultados de igualación interregional en unos aspectos (servicios públicos, esperanza de vida, equipamiento de los hogares, pensiones...) no logra la convergencia en cuestiones clave para atraer y desarrollar el progreso:

  • Infraestructura de comunicaciones, industrial y de telecomunicaciones.

  • Capacidad financiera.

  • Investigación y conocimiento.

  • Asentamiento de empresas transnacionales.

  • Representatividad política en las Cortes

El desequilibrio interterritorial sigue siendo una cuestión abierta en el pueblo español. España, como miembro de la Unión Europea, no está al margen de las desigualdades globales. La hegemonía de las políticas capitalistas, en sus diferentes fases, son la causa de estos desequilibrios.

El pueblo de Cataluña no ha sido jamás independiente. Su enriquecimiento se debe a la aportación de otras regiones de España y del mundo. El capitalismo ha entrado en una etapa de globalización, y pone a Cataluña en una disyuntiva histórica.

Los trabajadores catalanes, tienen el deber de exigir justicia para los otros pueblos de España, y del resto del mundo, en vez de darles la espalda como proponen los independentistas para echarse en los brazos de una E. U. asesina.

Sin conciencia histórica será imposible una respuesta política solidaria y que no esté manipulada. La conciencia histórica es el alma de los pueblos.

Autor: Marcel Ferralla

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