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LA POESÍA AFRICANA CONTEMPORÁNEA EN LENGUA INGLESA

12/11/2003 

La poesía africana en inglés emerge en la década de los 40, años en los que la actividad política parece requerir un nuevo tipo de artista. Es Sudáfrica el país en el que surge un movimiento poético que se inicia con Valley of Thounsand Hills (1941), de H.I.E. Dhlomo, cuyo gran mérito fue el haber introducido un principio de reivindicación formulado a través de elementos del isibongo zulu y del cristianismo.


LA POESÍA AFRICANA CONTEMPORÁNEA EN LENGUA INGLESA

Por Nayra Pérez.

La poesía africana en inglés emerge en la década de los 40, años en los que la actividad política parece requerir un nuevo tipo de artista. Es Sudáfrica el país en el que surge un movimiento poético que se inicia con Valley of Thounsand Hills (1941), de H.I.E. Dhlomo, cuyo gran mérito fue el haber introducido un principio de reivindicación formulado a través de elementos del isibongo zulu y del cristianismo.

Otros poetas de la primera época son el ghaneano R.E.G. Armattoe y el nigeriano Dennis Osadebay. El primero publica su primer libro de poemas en 1950, Betwen the Forest and the Sea, donde aparece el tema de la raza, característico de toda su obra, y se enfatiza el papel del poeta africano como recuperador del pasado. En cuanto a Osadebay, escribe Africa Sings en 1952, donde agrupa unos 100 textos ya publicados en la prensa, de tono moralizador, aunque estilo y técnica algo pobres. La temática de estos poetas pioneros es, en general, tanto la expresión del sentimiento pro-africano como el canto de alabanza a la metrópolis.

La situación cambia con la aparición de las revistas nigerianas “The Horn” y “Orfeo Negro”, dirigidas por J.P.Clark y Abiola Irele, publicaciones clave en el nacimiento de una nueva poesía nigeriana y africana originales. La poesía pasa a centrarse en el individuo, aunque no abandona del todo las preocupaciones sociales. En ésta la mitología juega un papel muy importante, tanto la popular africana como la occidental. En este sentido, podríamos decir que la primera década de las independencias representa una búsqueda de la identidad africana a través de una expresión que intenta fundir lo mítico africano con las nuevas aportaciones históricas. El resultado se caracteriza por su hermetismo: los nuevos poetas, de formación universitaria, muestran su afán por demostrar su calidad poética mediante el manejo del inglés. Sobresale la figura del poeta igbo C. Okigbo, que canta a la intimidad a la vez que se compromete con ideales políticos, más allá de declamaciones:


Oh, madre, madre Tierra, libérame;
deja que éste sea mi último testamento; deja que éste sea
el escondido deseo de la arremetida hacia la espada,
la Oración secreta de la espada a la vaina…



Otro importante representante de esta etapa es Kofi Awoonor, autor de Rediscovery (1964), donde aparece uno de sus temas preferidos: el sentimiento de la herencia perdida. Así, su poesía se hace intento de recuperar el pasado africano a través de la poesía popular y, en algunos casos, de referencias bíblicas y apelaciones directas a la divinidad. También debe recordarse a J.P.Clark, cuyos poemas, entre otros temas, hablan de la fatalidad impuesta por la historia (en su primer volumen, Poems, narra la historia de la raza negra) y al notable novelista nigeriano Chinua Acheve, que se incursiona en la poesía, con libros como Beware Soul Brother and Other Poems y Christmas in Biafra, donde describe los horrores de la guerra.

El nigeriano Wole Soyinka ( Premio Nobel de Literatura 1986) es, sin duda, el autor más conocido de esta generación y, en general, de todo el continente. Las experiencias íntimas del hombre son la clave de su obras, pero donde no deja de estar presenta la tradición.

En África del Sur, la poesía en lengua inglesa tiene un nacimiento relativamente tardío respecto a la narrativa. Estos escritores comienzan a hablar por los silenciados por la política del apartheid. Entre sus primeros autores destacan nombres como W. Blocke Modisane, A.K.Nortje, Dennis Brutus y O.Mbuyeseni Mtshali, todos comprometidos con la lucha de los negros en su país. La poesía surafricana es, durante mucho tiempo, desconocida internacionalmente, debido, sobre todo, a que trata una realidad histórica y política diferente a la de las demás. Así, la poesía de Modisane refleja ese aislamiento de estos poetas:



Soledad terrible.
Soledad
como un grito,
un grito solitario,
un grito sobre la ausencia del sueño,
grito de angustia, que nada puede escuchar,
o vosotros me escucháis claro y fuerte:
vosotros, eco vibrante;
como si yo gritara por vosotros.




En realidad, el movimiento de la conciencia negra es el equivalente surafricano, colérico y combativo, de la negritud. Otro poeta de este grupo, Sipho Sepamla, expresa así su ira frente a los estereotipos que tiene el blanco respecto del negro:



Los negros son cantantes natos.
Los negros son corredores natos.
Los negros aman la paz…
La risa se ha vuelto agonía
cantantes
corredores
amantes de la paz
una mierda.



A.K.Nortje trata la problemática surafricana del exilio y Dennis Brutus pinta un fresco sobre el horror del sistema político de su patria. Éste publica en Nigeria, en 1963, Sirens, Knuckles and Boots, donde denuncia el apartheid , y más tarde, otra obra, en la que define al poeta como transmisor y portavoz del grito de su pueblo sometido, dice “A aquellos que intentan que compremos la desesperación, debemos decirles: No.” Se le considera creador del estilo de las townships (barriadas negras), en el que se mezclan palabras africanas con el afrikaans.

Entre los autores surafricanos que escriben en otra lenguas, destacan O. Mtsali, que lo hace en zulu y traduce sus poemas al inglés, desde los que intenta conmover a la población blanca del país, y B. Breytenbach, que escribe en afrikaans, describiendo la violencia cotidiana y proclamando la solidaridad con todos los pueblos oprimidos:



Nosotros les aportamos la gramática de la violencia,
la sintaxis de la destrucción.
Vosotros heredáis nuestras armas.
Vosotros escucháis de los verbos de la venganza,
el fuego repetido.



Otros nombres se inscriben en esta poesía de combate, como el indio surafricano Farouk Asvat, que escribe:


Esta sed de vida
se parece a la muerte, mi amor:
no seguiremos más como el Cristo
la espalda contra la pared
crucificados por una bala
que nos atraviesa la cabeza.
Hablaremos en el silencio
nos deslizaremos en las redes subterráneas
anunciaremos nuestra venida de pronto
con murmullos explotando de silencio.



O Mazisi Kunene, que participa de esta “generación enojada”, elevando su voz en un canto de victoria y esperanza más allá de la represión:



Aquellos a los que no disuaden las lágrimas falsas
Los que no dan la espalda al fuego
Son los hijos del hierro
Son las abejas valientes de la noche
Son la ira de las montañas volcánicas
Son la cólera permanente de los Antepasados




Las mujeres, por su parte, se hacen un lugar preponderante en esta poesía de liberación política que trata también los problemas de su género, con voces como Lindiwe Mabuza, Ilva Mackay, Rebecca Matlou y Baleka Kgositsile, que cantan a Soweto, a los hijos que parten a la guerra y a héroes y mártires surafricanos (Mandela, Mahlangu, Dorothy Nyembe). Una figura importante es Scarlet Whitman, que reclama que se devuelva a los negros los que se les ha arrebatado, con una esperanza poderosa y una gran fe en el resultado de la lucha:



A los pacientes,
a los que soportan,
a los marcados con cicatrices,
a los que abren a la fuerza las noches cerradas
en busca de estrellas carmesí.
Vendrá,
volverá,
todo será nuestro otra vez.



Volviendo a la literatura nigeriana, en la década de los 80, surge una tercera generación de poetas en torno a la Universidad de Ibadán, que tiene una gran influencia en todo el África negra. Entre estos poetas cabe destacar a Odia Ofeimun, Harry Garuba, Niiyi Osundare o Femi Fatoba. Por otro lado, la revista “Opon Ifa” ofrece una obra colectiva donde los autores se hacen eco de la voz de su pueblo, aunque también se introduce la expresión de los personal, impera la libertad creativa, la aportación igbo y yoruba y la re-oralización de la poesía, como en el caso de Osundare:




Sólo los poetas mal educados
gritan a la luna,
mientras que el nudo corredizo
se ciñe al cuello de quienes han nacido libres…
Canta para mí,
cantos de lamento,
de lágrimas y de horror,
cantos fúnebres impresos
de las duras realidades
de nuestra nación descuartizada…
¡Que nuestro canto sea tan duro
como el precio de nuestro alimento!


Para finalizar, traemos un poema del también novelista nigeriano Ken Saro Wiwa, que fue condenado a muerte y ejecutado por el régimen de su país, en 1995:



Escucho el grito doliente de los Ogoni:
lloran a los pájaros que ya no cantan al alba;
escucho los cantos fúnebres por los árboles
cuyas ramas se marchitan a la luz de las llamas de gas,
cuyas raíces yacen en tumbas estériles.
Los arroyos rebosantes ya no gorgotean,
su cosecha flota sobre aguas envenenadas por derrames de petróleo.

¿Dónde están los antílopes, las ardillas, las sagradas tortugas,
los caracoles, los leones que recorrían esta tierra?
¿Dónde están los cangrejos, los caracoles marinos, los berberechos, las gambas
y todos los que encontraban un santuario en los bancos de barro,
bajo las raíces protectoras de los mangles?

Escucho en mi corazón los aullidos de la muerte
en el aire contaminado de mi amada tierra;
entono un canto fúnebre por mis hijos,
por mis compatriotas, por su progenie.



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