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El gran festín de las multinacionales de la alimentación

16/03/2009 

Vivimos en un mundo donde el 85% de la humanidad pasa hambre mientras existen alimentos para más del doble de la población actual según la propia FAO.

El escándalo del hambre es de origen político, y uno de sus pilares es el control por parte de las empresas multinacionales de todo el proceso que va desde el acopio de tierras o la imposición de cultivos, la venta de semillas, fertilizantes, pesticidas, etc. para la producción, hasta la compra por parte del consumidor en una gran superficie, pasando por la investigación, interferencias en decisiones políticas de los estados o financieras en la banca.

¿En manos de quién está la tierra?

En el año 2005, las tierras adquiridas en Uruguay por empresas multinacionales suponían la cuarta parte del país. Mientras, el 30% de la población vivía en situación de pobreza. Uruguay era exportador de alimentos a escala global, dándose además la circunstancia del aumento de la pobreza más extrema simultáneamente al aumento del control de la propiedad de la tierra por las empresas multinacionales en el mismo periodo ( según estudio del control de las multinacionales agroalimentarias en países del cono sur de M. Achakar, A. Dominguez, F.Pesce)

En otros lugares del planeta, y más recientemente, las grandes expectativas generadas  por los biocombustibles (de manera ficticia, pues aún son mucho más costosos que los derivados del petróleo, y tienen muchos efectos no deseados), han lanzado a las multinacionales a una competición por las tierras más fértiles de África y Asia, hasta el punto de que Jacques Diouf, director de la FAO, ha alertado de que se ¿puede? estar dando una forma de neocolonialismo, donde los países empobrecidos, producen comida  y recursos para los enriquecidos a expensas de sus propios ciudadanos hambrientos. Así, Daewoo alquila campos en Madagascar, Morgan Stanley en Ucrania, y Laos es cedida a empresas chinas, japonesas o vietnamitas

El papel de la tecnología

La imposición de nuevas formas de producción, tuvo su apogeo durante la “revolución verde” donde se consiguió aumentar mucho la productividad (a costa de un gasto mucho mayor en fertilizantes y pesticidas, mayor producción, sí, pero mucho más cara).

Pero el verdadero éxito fue el ideológico, ya que indujo a los campesinos  a la incorporación de tecnología, maquinaria, semillas y fertilizantes, que, en pos de una mayor producción, los abocaba a una total dependencia de las empresas multinacionales, que son las grandes proveedoras.

Éstas a su vez, se encargan de patentar toda innovación tecnológica, con lo cual tienen el control sobre la producción futura de cosechas y sus precios, pudiendo dominar el sistema alimentario mundial. Hoy, el 82% del mercado comercial de semillas está bajo patentes. Esto es debido a que son semillas transgénicas, las primeras que se ha permitido patentar en la historia, lo que supone un gravísimo perjuicio para las economías más pobres y una imposición difícilmente justificable desde un planteamiento ético. Actualmente diez empresas controlan el 67% de la producción de semillas en el mundo. Estas grandes semilleras, entre las que se encuentran Monsanto, Syngento, DuPont o Bayer, son, a su vez, propiedad de empresas de agroquímicos. Y así en 2005 diez multinacionales de la agroquímica ya controlaban el 85% del mercado mundial agroalimentario.

El mercado

Desde la semilla al “super”, todo está controlado por los mismos. Diez corporaciones transnacionales controlan el procesamiento de alimentos y bebidas (entre ellas Coca Cola y Danone). En la comercialización, es Wal-Mart la que se lleva el 40% de los productos. Seguida, cada vez más de cerca, por la compañía francesa Carrefour.

Nuestra alimentación está en gran medida en sus manos, así, en abril de 2008, debido a “la crisis” alimentaria, las dos mayores cadenas de supermercados en EEUU (Sam’s Club, de Wal-Mart, y Costco) racionaron la venta de arroz, lo que evidencia su capacidad de influencia en el mercado y en los precios.

Por otra parte, ante la actual crisis económica, las marcas blancas, que son las que más beneficios generan a las cadenas de distribución (un producto de marca del productor que se vende a 100 deja un margen al distribuidor de 20, un producto similar con marca blanca que se vende a 70 deja un margen de 30.), han aumentado notablemente ¡Hasta cuando nos abrochamos el cinturón, salen ganando!

Injerencias en política y finanzas

Como unas pocas empresas controlan enormes porcentajes de la industria y el mercado de alimentos, ello les permite influir sobre políticas nacionales e internacionales o mover mercados financieros. El ascenso en 2008 de los precios de los alimentos produjo la deriva a este sector de grandes activos procedentes de otros sectores en quiebra (como el de la construcción). Así ha comenzado con los alimentos una especulación brutal, que ha provocado más hambre entre los empobrecidos, aun siendo el año con las mejores cosechas de hace décadas. Otro botón de muestra: El enviado especial de la ONU en Birmania (país de los más corruptos del mundo y donde no se respetan los derechos humanos), dedicado a promover el proceso democrático en este país, es a su vez el presidente de una empresa (IRIS Technologies) que vende a Birmania tecnología para pasaportes electrónicos. Es decir, que el país al que debe presionar para que cambie su política es, a la vez, su cliente ¿y no dice la máxima del comercio que “El cliente siempre tiene la razón”?

Conclusión

Todo está entretejido para mantener este desorden establecido, sin embargo, por conciencia, por solidaridad y por justicia, debemos luchar pacíficamente para cambiarlo, y crear un nuevo orden económico internacional al servicio de las personas y no del lucro. Siempre fueron los pobres de cada momento histórico los que tuvieron capacidad para transformar la sociedad, y hoy también es así. Nosotros, los ciudadanos del norte enriquecido, también somos víctimas (por exceso de consumo, por falta de sentido de la vida, por insatisfacción), de otra forma no se explican los datos de enfermedades mentales, suicidios y adicciones… Este sistema tiene muchas sombras (hambre, paro, violencia, agotamiento de recursos, crisis…), que le hacen frágil, un ídolo con pies de barro. Y, en última instancia, basa su poder en la manipulación de la conciencia del hombre.

Tenemos una gran tarea por delante, denunciando a este sistema y alumbrando  nuevas realidades económicas, políticas y culturales. Por conciencia, por justicia y por solidaridad.

 

 

 

Carmita Salvador y Juan Antonio Tapia

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