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KENNETH KAUNDA: CARTA a mis HIJOS. (Nuevo libro en Voz de los Sin Voz)

17/05/2004 

Kenneth Kaunda, ex presidente de Zambia, cuando decidió entrar en la política -para luchar por sus hermanos, -lo hizo con el fervor del que abraza una vida religiosa: dejó de fumar y de beber y, ya hacía años que no probaba la carne -que siguió sin probar, ni en los banquetes oficiales- para recordar que está en la política y en el gobierno, para atender a aquellos que no pueden permitirse comerla. Julian Gómez del Castillo responsable de ediciones “Voz de los Sin Voz”, escribe: “Yo era 50 años más joven cuando leí por primera vez a Kenneth Kaunda pero hoy me ha producido más entusiasmo que entonces. Al entusiasmo juvenil de ayer le ha sustituido el encuentro en el corazón , hoy.” Te ofrecemos un ejemplar si deseas profundizar en esta lectura de “Cartas a mis Hijos” del que fue Presidente de Zambia y escribe: “«Ni el talento, ni el ingenio, ni la sabiduría mundial nos han hecho adelantar ni un paso hacia la paz del mundo y hacia la fraternidad humana. Ya va siendo hora de que probemos con la bondad. Jesús lo dijo hace dos mil años y aún está por demostrar que se haya equivocado».






Libro: “Carta a mis hijos”
Autor: Kenneth Kaunda
Ediciones Voz de los Sin Voz
Colaboración económica 0,80 euros

Puedes solicitar tu ejemplar en:
pedidos@solidaridad.net


Nota:

Información sobre este libro en el tef:91-3734086 (Madrid) en pedidos@solidaridad.net o en las Casas Cultura y Solidaridad. Pincha aquí.





Presentación del Libro en Voz de los Sin Voz

Yo era 50 años más joven cuando leí por primera vez a Kenneth Kaunda pero hoy me ha producido más entusiasmo que entonces. Al entusiasmo juvenil de ayer le ha sustituido el encuentro en el corazón , hoy.

Entre lo poco que sobre Africa se publica en España, estas reflexiones del que fuera presidente de Zambia constituyen una gran alegría: se trata de no esperar descubrir triunfalismos políticos, económicos o sociales, y encontrarte con un autor que te dirige a encontrarte con lo pequeño, y desde ello, hacer la valoración del hombre.
Al revés de como hacemos hoy, con nuestra supervaloración de lo grande y más de lo grandioso.
Quisiera lector amigo llevarte a las últimas páginas del libro y deternernos juntos, sin leer, y descubrir juntos la grandeza de lo pequeño, hasta convertir nuestras vidas en manifestación de esa verdad y que los pequeños contaran con dos amigos más en el mundo: tú y yo.

Julián Gómez del Castillo
Responsable de Ediciones “Voz de los sin Voz”

INTRODUCION del LIBRO

Por Manuel Gómez-Pallete S.J

Este libro es sencillamente la carta que el Presidente de Zambia - Kenneth David kaunda- dirige a sus once hijos, diez suyos y uno adoptado. Es una verdadera carta que recobra especial vigor en el Año Internacional de la Juventud. La escribe desde su despacho privado de la State House - adonde sus hijos no tienen acceso- para reparar en lo posible el haber temido que dedicar su tiempo a los asuntos de Estado, privando a sus hijos de un padre «con quien jugar; con quien charlar, a quien querer».

Pero es toda una filosofía de un humanista cristiano. Filosofía que podría sintetizarse así: Tal como hoy está el mundo, con el gigantesco desarrollo alcanzado por la ciencia y la técnica, para no ir al caos, el hombre interior tiene que desarrollarse hasta alcanzar una estatura moral proporcionada a la que ha alcanzado en ciencia .v técnica. Si no lo logra, el enano moral será aplastado por el gigante técnico.

Lo íntimo, lo profundo del hombre, es su elemento espiritual, la chispa divina, la acción de Dios que le está creando mientras vive. Si prescinde de esa profundidad el hombre -y su humanismo- se hacen superficiales.

Tiene ahora Kaunda cincuenta y dos años, y, tras de sí rana vida ejemplar. Cuando decidió entrar en la política -para luchar por sus hermanos, -lo hizo con el fervor del que abraza una vida religiosa: dejó de fumar y de beber y, ya hacía años que no probaba la carne -que aún sigue sin probar, ni en los banquetes oficiales- para recordar que está en la política y en el gobierno, para atender a aquellos que no pueden permitirse comerla.

Como dice uno de sus primeros compañeros -que compartió con él la cárcel- es el ideal de un líder nacional: fiel, honrado, sincero. De piel muy oscura: ojos muy penetrantes que miran desde un rostro que irradia determinación. Su pelo es ya más gris que negro, corto, peinado hacia arriba con cierta semejanza al guerrero swahili tradicional. A pesar de su voz fuerte y agradable siempre habla con tanta mesura y cortesía, que parece que va a tartamudear: Si se habla con él en privado puede uno equivocarse pensando que será incapaz de hablar a muchedumbres. Tiene generalmente una sonrisa tímida y reservada, pero que brota del cortazón. Escucha, más que habla. Es enérgico, compasivo y humorista. Se preocupa poco de sus problemas personales: es hombre que está muy por encima de ellos. Apóstol decidido de la no- violencia y de la democracia, a la que describe como «el arte de apreciar el punto de vista de los demás».

Cuando habla del poder; tiene derecho a saber ponerle limitaciones. Nunca ha empleado la demagogia para atraer a las masas. En sus primeras luchas contra el racismo (luchas cruentas) ya decía:
«No luchamos por- los derechos de los africanos, sino por los derecho humanos. Luchamos contra el imperialismo y el colonialismo, no porque sus agentes son blancos, sino porque tiene más de malo que de bueno... Estoy convencido de que lo que los blancos están haciendo contra mi pueblo no es porque sean malvados: es porque tienen el poder en sus manos, y el poder corrompe... No tenemos la menor justificación en nuestra lucha contra la presente forma de opresión si cuando lleguemos al poder nos volvemos contra nuestros actuales opresores y los sujetamos a las mismas indignidades que estamos sufriendo de sus manos».
Analiza este peligro del poder, como analiza otros tópicos de nuestro tiempo: la libertad, la democracia, la igualdad, con distinciones geniales que hacen ver la gran talla de su humanismo.

Pero por encima de su ciencia y conocimiento campea su bondad colosal. Tiene pleno derecho para escribir las palabras con las que cierro este prólogo:
«Ni el talento, ni el ingenio, ni la sabiduría mundial nos han hecho adelantar ni un paso hacia la paz del mundo y hacia la fraternidad humana. Ya va siendo hora de que probemos con la bondad. Jesús lo dijo hace dos mil años y aún está por demostrar que se haya equivocado».



ALGUNOS BREVES DATOS DE SU VIDA

Kenneth Davis Kaunda

Nació el 28 de abril de 1924 en Lubwe. Trabajó como profesor y granjero. En el año 1950 fue miembro del Consejo Nacional Africano; en 1960 es presidente del Partido Unificado de Independencia Nacional. Lideró la campaña no violenta contra la Federación de Rhodesia y Nyasalandia dominada por blancos. Tras su disolución, fue primer ministro de Rhodesia del Norte, renombrada Zambia, en 1964. Cuando el gobierno inglés concedió la independencia a Zambia, fue elegido presidente de la nueva república. Bajo su mandato, mantuvo el poder del estado socialista de un partido durante 27 años, durante los cuales nacionalizó gran parte de la economía, incluyendo las importantes minas de cobre. Reelegido a su sexta legislatura presidencial en 1988, en 1991, la resistencia interna y las presiones externas forzaron las elecciones con múltiples partidos, en las cuales perdió ante Frederick Chiluba, que rápidamente modificó la constitución para prevenir que Kaunda se presentara nuevamente. Ha sido presidente de la Organización de la Unidad Africana (1970-1971) y del Movimiento de Países No Alineados (1970-1973).

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