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¿A donde va Europa? Sin memoria no hay futuro

18/06/2015 

En todos los pueblos de Francia hay un monumento a los muertos de la Primera Guerra Mundial. Pero esos 36.000 monumentos también están gritando a Europa su falta de memoria de las víctimas del resto de guerras, de las actuales y de las que se están gestando.

El impulso de las guerras en suelo europeo vino de la mano de la división del Movimiento Obrero. Frente a unos socialistas de paz y huelga general, otros socialistas votaron los créditos de guerra en sus países como los alemanes y austriacos. Y desde entonces la solidaridad dejó de ser el proyecto europeo. Hoy Europa es un agregado de estados doblegados por los gigantes de sectores farmacéuticos, energético, financiero, alimentario, de la comunicación, etc. La Unión Europea es incapaz de hacer frente a los grupos de presión que le atenazan y de controlar los paraísos fiscales que habitan en su interior y que sirven para el fraude fiscal de los grandes. El proyecto de una unión de países al servicio de los ciudadanos se diluye cada vez más en un amasijo burocrático incapaz de dar protagonismo a sus ciudadanos.

Pero la Unión Europea es también hoy promotora de conflictos en muchos escenarios del mundo. Su negocio con la pobreza y la inmigración es inmoral pero ha creído que alejando los escenarios de guerra fuera de sus fronteras podrá seguir tranquila. Sin embargo, todas las fronteras de Europa están en conflicto por guerra o abismo de pobreza. ¿Estará Europa en las fases de ceguera que precedieron a sus dos grandes guerras?

La creciente brecha entre trabajo y capital y la reciente controversia entre Alemania y Grecia también son buena prueba de la insolidaridad en su interior. En 1953 se celebró una conferencia de acreedores de Alemania, porque su deuda era impagable. Fruto de esa conferencia se le perdono el 63% de la deuda. Alemania fue el principal receptor del llamado Plan Marshall. Con la caída del Muro de Berlín, toda Europa fue generosa con Alemania, apoyando su reunificación como país. Hoy este país, en cambio, se porta como un banquero cruel incapaz de cumplir sus deberes de justicia.

¿Y nuestro país? En España la población residente se ha reducido por primera vez según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Es el primer descenso desde 1939, a raíz del gran exilio motivado por la guerra civil. Tampoco España tiene memoria. Solo se acuerda de su comunidad natural que es Iberoamérica para los negocios de sus multinacionales y para el uso de sus hermanos como mano de obra barata y recambio demográfico.

Europa se va quedando sin alma, sin niños y sin esperanza. Y un botón de muestra de ello es que en el panorama político europeo no se vaya más allá de las transformaciones que promete una socialdemocracia que ahora aparece en dos versiones: la oficial agotada y la de su renovación populista que nace para dar una patada en el trasero a su clase política y nada más. Así, es lógico que muchos jóvenes españoles estén emigrando y con ello manifiesten su duro juicio a la generación que le precedió por haberles hipotecado su futuro.

¿Quién va a romper la espiral de la insolidaridad en Europa?. A los restos de conciencia solidaria que quedan en Europa, les queda tomar conciencia de que están en terreno enemigo, que no son mayoría, que sirven a una causa que no encabezarán ellos y que solo la solidaridad radical con los últimos de la tierra podrá invertir el triste caminar actual de la Unión Europea.

Editorial de la revista Autogestión

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